Madrid (1999), desarrollo mi práctica pictórica a través de la observación del entorno, y los elementos potenciadores de la imagen. Entiendo la pintura como un ciclo no acabado, en el que se ve fuertemente influenciada del espacio que uno habita. Trabajo a través de imagenes existentes que me atraen previamente al propio proceso pictórico. A partir de ellas desarrollo nuevos escenarios y narrativas, que van generando una historia común junto al resto de piezas. Mi práctica convierte el graffiti en un laboratorio conceptual donde la pintura, los limites del arte dialogan para cuestionar la ciudad y la naturaleza efímera de la creación contemporánea. Mi trabajo tiene un planteamiento abierto en el que exploro la relación entre la pintura, el espacio urbano y la libertad creativa. Hasta ahora mis intereses han estado centrados en la pintura. Estos han dado la necesidad natural de explorar otros procesos nuevos como la fotografía, vídeo y la pintura expandida.
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